15 de mayo de 2007

TRIBULACIONES DE UN LECTOR

Todo el día he leído. Parte de la mañana se escurrió mientras husmeaba los restos del naufragio de un amor, restos hechos de palabras, las de ella. Ella que deambula por los cuartos buscando al ausente, diciéndole “querido”. En tanto que el bochorno de la siesta me sorprendió oyendo las voces de una mujer y un hombre, franceses, dedicados en cuerpo, pluma y alma a batallar contra los desquicios del poder. En estas horas Idea, Simone y Jean Paul, que de ellos se trata, sus vidas, sus desprecios, sus recuerdos han sido para mí más nítidos que los muebles de mi casa.




Mi desdicha entonces, la de un lector (¿la de todos?), estalla muy entrada la tarde al salir a la calle y encontrarme con eso que llaman “realidad” que para mortificarme adopta rostros diversos, encaramados todos a sus pedestales de tontería y vulgaridad.




Y quisiera que esas situaciones no me alcanzaran tan desprevenido, que la literatura fuera el paraguas para capear las tormentas que el mundo desploma sobre mí.

25 de abril de 2007

Esta vida vale lo mismo que otra.


Simone de Beauvoir.




Desatento a las indicaciones del almanaque que estrenó ya otoño, el sol calcina la tierra. Como en otras ocasiones, dos amigos trajinan las calles del pueblo. La diferencia es que hoy, después de largo tiempo, lo hacen solos -los niños, los de ella, han quedado en casa al cuidado del padre-. Como antes, fuman. Y mientras caminan y fuman, enumeran sus fracasos: autos, viajes, billetes -invariablemente ajenos-; también sus pérdidas: belleza, ganas, juventud. Si no fuera por el modo en que estas cosas son dichas, pasarían por dos perdedores. Pero el humor inflama las velas, se cuela entre sus palabras y las carcajadas espantan la amargura. Y sí, erigieron sus vidas -material y espiritualmente- en los suburbios del mundo; y aunque de tanto en tanto no puedan esquivar los dardos del desaliento, se saben marginales, polizones casi, y lo disfrutan; saben además que, pena más pena menos, conservan intactas las ganas de reír. De todo: de ellos, de las asperezas de su oficio, de los amantes que se evaporan antes de llegar, del miedo a la vejez y la muerte. Y esto, porque también saben -de una forma oscura, pero lo saben- que pese a todo se tienen.

26 de marzo de 2007

Escribo: "el niño ha caminado hasta aquí". Sin embargo, en cuanto lo leo, percibo en el aire el tufillo del error. No, no se trataría de un caminante sino más bien de un náufrago, alguien arrastrado por las mareas de la vida, llegado a este punto sin intervención de su voluntad. Y él, silencioso, diríase un bosque apacible, sin signos que revelen la presencia de las bestias que lo habitan, bestias seducidas, apaciguadas por la música de los libros. Mas el niño sabe que un peligro acecha: no es eterno el encantamiento de las palabras.

14 de marzo de 2007

La buena gente sabe dónde está la felicidad


Juana Bignozzi







Los domingos en un pueblo abrazado por viñas, ido el sol, la gente pasea. Da lo mismo si a pie o en auto; el caso es que lo hace, al no tener por horizonte horario alguno, lentamente. Ese andar demorado deja constancia de que en pobres alacenas yace el sustento. Aunque también, podría leerse como el insulto de los obreros a la urgencia del amo de que nunca nada se detenga, ya que es en esta velocidad donde radica la clave del ensanchamiento de sus arcas, las del patrón, hasta lo imposible, lo escandaloso de ignorar sus dimensiones y no saber ya qué hacer con ese oro.




Pero la gente el domingo abandona el juego, y al caer la tarde, en un pueblo, derrocha su tiempo en la pura felicidad de un paseo.

2 de marzo de 2007

VERSIONES

Patética



Y luego, a tu cara en mi memoria, hurtáronmela malvados los días.




Despechada



Y después (a dios gracias), a tu cara en mi memoria, se la devoraron los días.

16 de febrero de 2007

Lo que no pasó


se entromete, tanto


es lo que no pasó


Olga Broumas







Si lo hubieras querido…




Si hubieras, por un instante, bajado esas defensas quizás forjadas en el yunque ingrato de la decepción; si la decencia de los señores del gobierno no hubiera decretado la muerte prematura de la noche; si hubieran tus ojos leído algo de la fascinación impresa en los míos.




Yo, gustoso, habría sido el que ofrenda el cadáver de su soledad; el esclavo que aun sin ganas celebra las ocurrencias del amo; la voz que al amanecer espanta el miedo, convoca el sueño




Si sólo lo hubieras querido.

2 de febrero de 2007

La imagen de un hombre viejo escribiendo frente a una ventana le sale al paso. En ella, intuye, se cifra todo el horror del futuro: un final tejido de ausencias. También, el alcance de niños en una casa: sin esas voces que llegan desde el patio, el mundo se vacía, deviene en eso: un viejo solo, frente a una ventana, escribiendo.

21 de enero de 2007

MIRADAS

No hay nostalgia peor
que añorar lo que nunca jamás sucedió



J. Sabina





I


Pasados los años me mira y su mirada, como antes, me intimida.
Una escena ocupa de pronto mi memoria. Es en un bar. Sentado a una mesa vecina hay alguien a quien al principio no percibo. Luego, sí, y lo hago porque me observa. La sensación es, diría, de una dulce extrañeza. Un amigo pregunta si conozco a esa persona. Respondo no, no la conozco. Ah, porque te mira, dice. Fin de la escena.


Si ocurrió una vez o se repitió, eso no lo recuerdo, aunque prefiero creer que lo que ha subsistido es una síntesis. Sospecho además, que si mi mente ha preservado este espacio es porque en él me siento halagado, satisfecho. Pero entonces la duda prospera y ya no estoy tan seguro de que fuera deseo lo inscripto en esas pupilas.


Y mortifica ignorar el sentido de aquella y de esta miradas.




II


Sus ojos, una eternidad perdidos, recuperados esta noche; sus ojos, arrojados contra mi vida, hablando de días que de tan antiguos creía olvidados, días en los que nada floreció, en los que las palabras no fueron proferidas.


…Y la violencia de encontrar en el mundo, de que en el mundo exista algo, sus ojos, que encarna mi miedo, mi desidia, mi torpeza.

16 de enero de 2007

EL REINO DEL AMOR

Es domingo, domingo a la siesta. Y como es domingo a la siesta y tenemos resaca y no hay en la casa niños de los que ocuparse, nos echamos sobre un sillón frente al televisor a ver una comedia romántica, que para más datos, dieron ya unas 352 veces otras siestas dominicales. Y aunque las odiemos, por obvias y descafeinadas, no tocamos el control remoto, pues nuestro plan b, el superclásico, resulta aún menos estimulante.






¡Ay, de las comedias románticas! Una trampa en la que, de tanto en tanto, caemos, para que una vez allí su veneno nos sea inoculado; veneno hecho de la más vil de las sustancias: el sentimentalismo.






Comedias del tipo Alguien como tú, en la que Greg Keneear luego de decirle a la protagonista (Ashley Jude) que la ama (¡¿había necesidad?!), y sin mediar explicación alguna, la abandona. Y nosotros ahí, quietitos, mientras tomamos algo que apacigüe nuestro fuego estomacal y nos juramos no volver a ceder a las tentaciones de Baco, compadecemos a la pobre chica que tuvo la candidez de caer en las sutiles redes verbales de un cuarentón rubio y de ojos azules. Ni por un instante supongan que hay en el horizonte reflexión alguna del tipo: “si la monogamia es absurda, lo más sensato sería que nos educaran en la fe de la monogamia sucesiva” (hoy te amo a vos, mañana, quién sabe) pues en este género, a fuerza de golpes bajos, sólo experimentamos emociones primarias. A saber:






a. ira hacia el adúltero (¿cómo es posible que Dennis Quaid en Something to Talk About engañe a Julia “dientes como perlas” Roberts, con una rubia de lo más desabrida?);






b. desprecio hacia el tonto (¿puede alguien en su sano juicio correr tras Cameron Díaz, dejando abandonadita a la sublime Julia? Película: La boda de mi mejor amigo. Tonto: Dermont Mulroney)






c. y siempre y en todo momento, la más absoluta identificación con el / la sufriente. En estos casos, la pobre Julia que, a la vista está, ha nacido pa sufrir.






Y en sintonía con nuestro estado de ánimo, que no suele ser el mejor (ya lo dije, es domingo, anoche salimos y seguro las cosas no fueron bien, pues ya se sabe lo duro que está el mercado), atendemos a esta o aquella escena, preferentemente las patéticas, tanto que, en ocasiones ni siquiera reparamos en el “happy end” que tuvo la historia (es una comedia romántica, ergo, debió tenerlo). Pero los domingos a la siesta, ni matrimonios recompuestos, ni limusinas con sonrientes parejas camino del altar calan en nosotros, sumidos como estamos en este sentimiento de domingo, que cada domingo nos asalta.

12 de enero de 2007

Este pequeño post podría titularse "De cuando un primate intentó modificar su blog y lo cagó" o "Quién me mandó, si no sé nada de nada" En fin, que mi último post, el anterior, desapareció (perdón Adrián, tu comment se fue con él) y los más más anteriores aparecen con cambios indeseados. En fin, prometo solucionar en breve. Lo que sí, esta plantilla, la que generó todo este caos, es más linda que la vieja (En realidad, no lo sé, pero me lo digo para conformarme)

30 de diciembre de 2006

A mis amigos. Los viejos, los nuevos, todos.







Todavía es tiempo. Sí, lo es. Aún la vida no ha arrojado sobre nosotros sus más venenosos dardos. El cuerpo funciona, también el cerebro; los spleenes, aunque intensos, pueden vadearse. “Aún es tiempo” me digo, “lo mejor de lo bueno está por llegar”. La imagen de una meseta flota en mi mente.

6 de diciembre de 2006

NAVIDADES EN FAMILIA

Y como ya falta poco, y me imagino que será idéntica a otras, refloto este texto. De paso, si quieren, me cuentan cómo son las navidades en vuestras familias. Y dice:






En la insoslayable conversación homofóbica de la sobremesa navideña, mi muy católico primo cuenta el siguiente episodio:





Dos sacerdotes (para más datos, amigos suyos) miran TV en el momento en que actúa Antonio Gasalla. Entonces, uno de ellos dice: “¡Qué cara de trolo tiene!!” Y el otro agrega: “ Y voz también“. Por supuesto, el primero entiende “y VOS también” (y bue... por muy curas que sean hablan en argentino), ergo, se atraganta en un prolongado “Ahhhhhhh”. Y el segundo, el mal pronunciado, desesperado, aclara: “Nos vos, sino la voz que tiene”. Y el primero: “Ahh“ (esta más breve) Sobreviene la calma eclesiástica.





La cuestión es que, sospecho, en esos segundos de confusión, el escarnecido habrá deseado para el ofensor tormentos varios que van desde un campamento de refugiados en África, pasando por el infierno, hasta llegar a una semana al servicio del Papa Juan Pablo II (esta historia es pre Benedicto XVI, y no creo que, de haber ocurrido en este papado, el insultado hubiera ido tan lejos con sus malos pensamientos)





Terminado el relato, y como corresponde a un grupo de machos “argentinos”, nos reímos a mandíbula batiente. Sin embargo, lo que nadie dijo, y estoy seguro rondó los masculinos cerebros de mi familia, excepto claro está, el de mi muy apostólico primo, es por qué habría de sorprenderse tanto el cura de que lo creyeran maricón, ya que todos lo son. Porque, para el argentino medio los curas son putos o, al menos, algún “defectillo” tienen, pues si no, no se entiende que no garchen.




Y entonces, me imagino a cualquiera de mis tíos preguntándome (como estudié letras, paso por ser una especie de diccionario ambulante): “Eh, sobrino: ¿cómo le dicen a no garchar?” Y yo: “Celibato, tío”. Y mi tío: “Sí, ahora le dicen así... “

27 de noviembre de 2006

Y ENTONCES LA MINA LE DICE...

A través de los años, mil veces dijimos u oímos estas palabras mientras contábamos o nos contaban una peli. En la oscuridad de los cines, en el calor de las siestas frente al televisor, hemos visto películas, algunas de cuyas imágenes están (frase nunca dicha) “grabadas a fuego en nuestras retinas”: Rambo con más costuras que una colcha vieja; Woody y Diane sentaditos en un banco contra un fondo de postal de Manhattan; Olmedo y Porcel, encelados, correteando a Moria y a Susana; Briggite celebrando su creación; Marisa, la pobre Marisa, incapaz de quitarse sus botines; Camila y Ladislao besándose “acaloradamente” (muy acaloradamente para mis trece años) en un carruaje que los aleja de la ciudad... Imágenes, imágenes, imágenes... Pero ¿y las palabras? ¿no es el cine, después de todo, una combinación de ambas? Y, por más que lo intento, las palabras, las que se corresponden con estas imágenes, resbalan, no llegan.




No obstante, en un esfuerzo de mi memoria, traigo, recupero un par de diálogos que ni siquiera sé si son exactos. Es más, diría que no lo son, porque ya se sabe: “la memoria es modificación...”





Ahí van:




Película: El objeto de mi afecto. Hacia el final Jennifer Aniston hermosamente triste y desgarrada le dice al muchacho del que está enamorada y que, para variar, no la ama (y bue... Jennifer ¡ya vendrán tiempos –tipos- mejores!): “Josh, quisiera poder verte y no sentirme tan dolida” (esto en el subtitulado, y les aconsejaría, queridos lectores, que se conformen, porque si esperan algo de mi muy macarrónico inglés, van muertos)





Luego recuerdo a una Kika excitada, fuera de sí, buscando algo (¿alguna claridad en su vida?), que intima al hombre con quien vive, y que por momentos roza el autismo (cualquiera lo rozaría frente a la cháchara de esa mujer), a hablar. El diálogo es más o menos el siguiente: (ya se sabe que el sonido defectuoso de nuestros cines no obligó durante años a adivinar lo que los actores, especialmente los españoles, decían)





Kika: -Ramón tenemos que hablar
Ramón: -¿Y de qué quieres que hablemos Kika?
Kika: -De ti y de mí, Ramón, ¿de qué va a ser? ¿de Sarajevo y de Somalia y de toda esa parte de por ahí?... de ti y de mí, Ramón.






Y ahora, el propósito del post: que compartan conmigo aquellas palabras que el cine les regaló, y que por alguna razón, la que fuere, calaron hondo en sus corazones (y ya está visto: hoy, soy el reservorio de los lugares comunes).





Bonus track: de regalito, un parlamento que mi amiga Lorena y yo nos repetíamos machaconamente allá lejos y hace tiempo y que, ahora que la recuerdo (a la frase), la extraño (a mi amiga). Es de, la también española, Amantes y se la profiere una susurrante Victoria Abril a un atribulado Jorge Sanz: “-Mátala Paco, mátala...”

21 de noviembre de 2006

AJUSTE DE CUENTAS

Diría que tengo vagamente ganas de morir.
Marguerite Duras



Quince años, apenas quince, y ya el peso de la vida ha comenzado a doblegarlo. La caída de Dios abrió en el cielo una herida vertiginosa hasta la náusea, que durante un tiempo aún no será suturada por los libros; en la novedad de su cuerpo ha florecido un deseo nocturno, asfixiante.

(En el centro de la imagen un polvo amarillo; un polvo que se guarda en lo alto de un armario, fuera del alcance de los niños)

Es en lo más inmóvil de una siesta del verano de sus quince años, cuando sobre él se despeña el ansia de no resistir, de abandonar, abandonarse, emprender la fuga que dejara atrás al cuerpo. Esta sensación que hoy se estrena, será luego, invariablemente, trueno o relámpago en el centro de sus tormentas personales.

(El mismo polvo, que según dicen, usó la chica aquella, la del colegio, el otro verano)

Sin embargo, el acontecimiento no se consuma. Es que adherida a esta impresión aparece otra: el miedo. Un miedo que corre frío por la espalda, que desquicia los dientes; y que desde ese instante, y tal vez para siempre, sea el vencedor de todas sus batallas.

(Ese polvo amarillo, intacto, ligado a mi vida)

13 de noviembre de 2006

DE LA PRESENCIA DE SECTAS EN MARICOLANDIA

“Apurad, que el sol nos dice
que llegó el final
por una noche se olvidó
que cada uno es cada cual”

J. M. Serrat. Fiesta

La situación es, más o menos, la siguiente: todo el arco de la humana fauna de esta ciudad de provincias, que en su versión heterosexual se disemina en multitud de boliches (los negros acá, acullá los rockeros, aquí - y sin vestimentas deportivas- los viejos, los modernos más allá), en su segmento gay, se concentra en un solo lugar. Es así que, y como muestra de que en Mendoza hay locas de todas las clases (sociales), vemos varias sectas apilarse en el angosto espacio de un local bailable con nombre pretendidamente glamoroso: “Queen”.

Sin embargo, esta convivencia nada significa; o sí, quiere decir que estas personas que por un rato se codean, respiran idéntico aire, usan el mismo mingitorio, en la mayoría de los casos preservan las diferencias del afuera (“la zorra pobre al portal / la zorra rica al rosal“)¿La prueba? Grupos que, como hermanitos cuya madre les hubiera prohibido separarse, deambulan provocando en el espectador la impresión de rebaños de distintas especies en un mismo corral.

Encontramos entonces, la secta de las “latinas-de-bamboleantes-caderas”, émulas de las Thalías y las Paulinas, cuando no de las Shakiras; que cumple un rol similar al del tío alegre de los casamientos: levantar la fiesta.

El segundo grupo es el de los “Gregorys boys”: prolijamente encamisados, bienolientes, bienhablados, bienmovilizados; en fin, chicos bien, que desde la distancia de su champán o su vino espumante de primera marca, miran a la plebe al tiempo que fruncen la nariz (mueca heredada, acaso, de sus muy finas mamis), niños-hombres que de tanto en tanto se permiten el gesto ancestral de los machos de su clase: ceder a la tentación de una proletaria piel joven, gesto que, acentúa la distancia que los separa de sus oscuros (aún más oscuros en la tiniebla del Chucky) objetos de deseo.

El tercer grupete, el de la chicas, si brilla lo hace por su ausencia. Pues entre tanta testosterona, se pregunta uno dónde quedaron las discípulas de Safo, o qué temible Platón las excluyó de esta republi-Keta de la “diversidad”. Y fastidia constatar el renovado vigor de la sentencia “divide y reinarás”.

Y en medio de estos y aquellos: los que no pertenecen a ninguna de las hermandades, parias que, oscilan entre una pose rígida, exageradamente masculina y otra, alud de plumas y de strass, infundidas por los ocasionales acompañantes. Grupo este, sin identidad visible, apéndice tal vez, de la muy desdibujada clase media “del mundo real”.


En fin, dónde quedó la Fiesta de la que habla Serrat, la fiesta de pueblo en la que “el prohombre y el villano/ bailan y se dan la mano/ sin importarles la facha”, no se sabe. Yo no lo sé. Pues si hay algo que en la “maricoteca” importa es, precisamente, la facha.

6 de noviembre de 2006

POSTALES ESCOLARES I

Alumno: -(a un compañero)... sabías que los gatos ladran, ¿no?
Profesor:- (con tono profesoral) no, Matías, los gatos no ladran, los gatos maúllan!
Alumno: - Profe, Ud dice eso porque no escuchó cantar a Nazarena en lo de Tinelli!
Profesor:- Sí, la oí. Y tenés razón Matías: esos gatos…también ladran.

1 de noviembre de 2006

TECNOLOGÍAS

Durante siglos para aniquilar al enemigo era imprescindible entrar en contacto con su cuerpo. Luego, tecnologías mediante, no fue necesario. Para los que rondamos la treintena es historia harto conocida aquella de que con sólo oprimir un botón, rusos o americanos, podían desintegrar una ciudad, un país o incluso el planeta. Salvando las distancias, me encuentro hoy en una situación equivalente: al alcance de mi dedo está la tecla que te hará desaparecer para siempre de mi vida, sin la molestia del contacto, de la mirada. Y aunque no sé si es lo que quiero, lo hago. El resultado: un indiferente “Entrada borrada”, que nada sabe del abismo que ha abierto entre los dos.

20 de octubre de 2006

Posadas en las ramas del duraznero, diminutas flores, auguran dulzuras en verano; el viento empuja leves nubes blancas, más blancas aún contra ese muy intenso telón azul; el techo de la pequeña casa vecina, es un imán que atrae sobre sí todo el sol. Y mi ventana que me abre al exterior, a eso que acontece fuera, más allá. Un estado perfecto para esta mañana, en que no quiero, en que no puedo, permanecer en mí.

13 de octubre de 2006

De pudores perdidos

Si en este instante alguien, un amigo por ejemplo, lo interrogara acerca del curso de su existencia, seguramente, por elegancia, por pudor, contestaría: “bien, estoy bien”.

El caso es que, cuando es él quien se formula esa pregunta y tiene la decencia de no mentirse, no puede responder semejante cosa. Curiosamente, tampoco lo contrario. Días estos en los que, como un autómata, vaga con el sentimiento de que la vida le regatea su presencia. Y este hecho que antes le hubiera pasado inadvertido ahora lo mortifica, pues, de un tiempo a esta parte, lo persigue la necesidad de que cada momento imprima su huella. Y he aquí el problema: al inventariar esa masa de acontecimientos que conforman su vida, son infrecuentes aquellos dignos de consignarse como “recuerdos del porvenir”.

La consecuencia (por conocida no menos temible), es el abatimiento. Y aunque sabe también (porque se lo han dicho, hasta el cansancio se lo han dicho) que debe aprender a sobreponerse, a ser más sólido que los vientos de sus dudas, sus angustias, sus fracasos, tampoco ignora que un diagnóstico preciso no garantiza los resultados. Entonces, la pregunta de siempre, la de cada mañana apenas salido de las brumas del sueño: cómo seguir, cómo.

2 de octubre de 2006

Lunes optimista

Podría darse el caso de que en un momento del cual nada se esperara, algo sucediera. Su noche sería tal, que no habría la posibilidad de saber qué es, ni que nombres le sentarían. Se ignorarían, asimismo, sus consecuencias. Aun así, seguiría siendo “algo”. Algo que dirigiera nuestras vidas por uno o dos días y que, tal vez, nos impulsara a salir en pos de otros “algo”, que colmarían a su vez otros dos o tres días, y así sucesivamente. Seguramente se les ajustarían cualesquiera de los nombres de lo trivial.

Pero también podría ocurrir que alguno de esos “algo” fuera más que eso y empujado por su propia fuerza se irguiera hasta transformarse en una evidencia, un centro. Para designarlo, se recurriría a una de esas formas privilegiadas que escapan al tiempo y al olvido.

Y entonces, el ahora nombrado, prolongaría sus raíces alma adentro, circularía por nuestras arterias, modificaría el tono y la textura de nuestra piel y acaso, nos restituiría al fin, la ilusión de siempre esperar algo.