20 de octubre de 2006

Posadas en las ramas del duraznero, diminutas flores, auguran dulzuras en verano; el viento empuja leves nubes blancas, más blancas aún contra ese muy intenso telón azul; el techo de la pequeña casa vecina, es un imán que atrae sobre sí todo el sol. Y mi ventana que me abre al exterior, a eso que acontece fuera, más allá. Un estado perfecto para esta mañana, en que no quiero, en que no puedo, permanecer en mí.

7 comentarios:

Adrian-Pegaso dijo...

Vos despues le daras la clasificacion que quieras a mi comentario... pero ni bien lei el primer renglon de lo que escribiste esto paso por mi cabeza:

"Estaba la paloma blanca sentada en un verde limon. Con el pico cortaba la rama, con la rama cortaba la flor"

(Es viernes y asi me va quedando el bocho) :P

Bexos
Ad

Quebrantapájaros dijo...

amigo: ¿como era eso de la adjetivación que no entendí bien?: "diminutas flores","leves nubes blancas"; "intenso telón azul"; "pequeña casa vecina"; y otros tantos. No es venganza a su crítica a mi post, es que concuerdo con eso de que si "el adjetivo no da vida , mata." Sin embargo comulgo en parte. Los adjetivos pertenecen al léxico, por qué acharles sólo a ellos la deficiencia de una prosa o un poema.

Veo que el verbo "acontecer" le gusta. Sabe usarlo reiteradas veces y siempre con un brillo nuevo.

Epidérmicamente, la prosa me gustó. Es más, el hecho lírico "acontece".

sergio dijo...

Adrián: vio, tiene algo de eso, de esas canciones infantiles. Pero es que mis relaciones con "la naturaleza" son, al par de escasas, un tanto ñoñas. Gracias

Quebrantapajaros: sabe qué, suponía que se venía ese comentario, y está bien. El jueves al llegar a casa (después de haber estado en la suya charlando entre otras cosas de eso, de los adjetivos) me senté y revisé el texto que pensaba publicar a la mañana siguiente. De inmediato me percaté de la superabundancia de calificativos. Le confieso que mi primer impulso fue el de eliminarlos, pero cuando me disponía a hacerlo me imaginé la siguiente escena: Hernán entra a ciber, Hernán lee post, Hernan piensa "Por qué gastaré pólvora en chimangos", Hernán usa su pluma entre tierna y filosa. Fin de la escena. Y para no privarme de semejante espectáculo, dejé los adjetivos donde estaban.

Otra cosa. Jamás pensaría que ud se venga de mí por algo que yo haya dicho. Ud y yo, a esta altura del partido, estamos más allá.

Fragaria Vesca dijo...

Nene: me gustaron el post y los adjetivos. No importa si parecen "excederse", creo que ponen pequeñas pinceladas de identidad en cada uno de los objetos. Me dio la sensación de una escena de diminutos imanes, adheridos a la heladera. Imágenes chiquitas, pero no por eso menos hermosas.
La naturaleza es una buena vía de escape cuando uno se cansa de este destino bípedo ¿no?

Fernando G. Toledo dijo...

SERGIO:
A mí no me gustaron mucho esos adjetivos, impropios para el resto tu prosa. Tampoco la coma después de "diminutas flores". Pero sí me gustó el remate, que justifica un poco esa desazón, esa incomodidad, ese desconocerse en que nos sumimos cuando no usamos bien los adjetivos. Quizá porque "lo que no se puede decir, hay que callarlo".

Fernando G. Toledo dijo...

¡Qué irresponsable! No dije el porqué: obviando la cacofonía, el uso de estos adjetivos adormecen (ni siquiera matan) los sustantivos, pues resultan previsibles. No develan, sino que trivializan. Por eso digo que son indignos del resto de la prosa.

sergio dijo...

Toledo: qué le diré que su oído híper-entrenado no sepa ya? Sólo me resta agradecerle el comentario y no porque sea yo un masoquista, sino porque realmente me interesa su opinión.