7/01/2008

REBELIÓN EN LA INFANCIA

Nene paveando se tropieza y cae.
Mamá, que carga mochila, guardapolvo y demás bártulos escolares, lo mira como diciendo “si serás pelotudo”.
Nene a voz en cuello, pregunta: ¿Qué? ¿Por qué me mirás así? ¿Vos nunca te trompezaste?

6/17/2008

A las flores de un día...
Joaquín Sabina




Nunca, hasta hoy, hablé sobre cierta
dulzura que el estampido inmisericorde
de la luz mudó en fastidio, urgencia
de que mi ropa y yo ya
no estuviéramos allí;
que la evidencia, intolerable
de que desentonábamos
con los muebles
con el pedigrí de las mascotas,
con nosotros desapareciera.



Ni de aquella otra que al devenir
melaza infundió el temor a quedar
atrapado y no poder en mi cama
morir la resaca del domingo.



Luego, los días, los meses....
Seguro, lo mismo que yo, olvidaron.
Más las manos, los ojos y la boca
que la impericia alcohólica. Seguro.
Y es que estas historias fugacísimas
como pompas de jabón,
como las pompas de jabón repudian
el roce de un dedo, así sea
el tan sutil del recuerdo.



¿Por qué entonces
apresarlas, sacrificarlas hoy?
Porque comienza a palidecer el destello
que las sostiene. Porque el cuerpo
pide poner en palabras esos cuerpos
que junto a él respiraron y por unas horas
eclipsaron el mundo del trabajo
el mundo del hogar.
Más aun, por la cándida alegría de dejar
la pluma correr tras esas flores
de una noche que no conocerán
los cantos nupciales, y cuya levedad,
al atenuar el peso de otras
-encantadoramente densas-,
equilibra la balanza.

6/02/2008



Contra la mía, la aspereza de tu mejilla en un saludo ineludible. Eso, y una mirada, abrieron la grieta por la cual se escabulleron todos mis propósitos, mis íntimas afirmaciones de no pensarte, no evocar tu piel. Arrebatado, sólo quise entonces que otra vez tu voz, discípula se Scherezade, enlazara mi cuerpo como a cuzco juguetón y por las calles lo paseara. Luego, deslumbrante, el espectáculo de tu ropa y tus zapatos olvidados por la habitación, mientras el ventilador, el mismo del que ya escribí, ronronea mentiras. A saber: que siguen las hojas adheridas a las ramas, que no me resigné a tu partida cuando había en mi carne todavía, hambre de tu carne. Que, siquiera por una vez, sorteé la imbecilidad esencial de remitir la vida al futuro.


5/22/2008

CUANDO APRIETA EL FRÍO (DE LA TREINTENA)

Ahora somos parias de casamentera
Tamara Kamenzsain.


“Te esperé, te escribí doce poemas (Detalle: Odas a tus pies, tu cabello, tus manos, tu cuello; Sonetos a tu lengua, tus muslos, tu voz, tu corazón; Elegías a tu sexo, tus nalgas, tus ojos, tus labios), amargas quejas derramé en mi diario, te añoré, te maldije. En fin, que ya no hay nada que hacer o decir, sino que estás fuera. Y se sabe que esto es lo mejor. Pero también, que si llamaras, correría, volaría hasta tu casa. Esto también se sabe."


Más allá de sus obvias deficiencias, este texto me llevó, cual Carrie Bradshaw, a preguntarme qué tanto nos desesperamos cuando estamos solos y hemos vadeado hace un tiempo la temible barrera de los treinta. O, para ser más claros, qué humillaciones, torturas, ninguneos estamos dispuestos a tolerar simplemente porque abandonada nuestra primera juventud, nuestra lozanía, sentimos –nos hacen sentir- que esta puede ser LA ÚLTIMA oportunidad.

Me gustaría, amigos, saber qué opinan al respecto. Y esto aun si son tan afortunados como para que el asunto no los roce, porque como dijo Jauretche, “no hace falta ser caballo pa saber de carreras”. ¿Es una cuestión que nos atañe después de los treinta o es el sempiterno (¡¡siempre quise usar este adjetivo!!!) horror a la soledad que puede padecerse a cualquier edad?

Desde ya, la ciencia y este servidor, agradecidos.

5/05/2008

DE SEGÚN COMO SE MIRE...

Lo no recibido
-lo mío,
que no tomé-
en cada conversación
en cada escrito
echado en falta.

Pero también, ahora lo sé,
el discurso podría versar
sobre aquella firmeza de la piel
aquel deseo loco de leerlo todo
aquella ingenuidad en la alegría
-lo que no di,
que nadie tomó-.

Porque aun en el corazón
del desierto de mis veinte años,
atormentado
dolido
he sido manojo de luz.

Y aunque lo ignore
alguien no extendió su mano
y debería lamentarlo.

4/25/2008

Oh, bienamada palabra
Teresa Arijón.


La piel, los huesos, la sangre puestos en esta tarde que aunque idéntica a otras –un fósforo alineado junto a sus compañeros en la caja-, es única.
Afuera, discreta, la lluvia.

Adentro, desde sus fotografías algunos difuntos queridos me custodian. Pero ¿lo hacen?, pues, prendida a sus ojos viene la que desde siempre me espera, la que sabe que suyo será el triunfo. Y un dolor, ladrón de aire y ganas, me roe, me hunde…

Sin embargo, mientras escribo, soy; los truenos, la tinta, el árbol de humedecido traje lo dicen. ¿Qué importa que mañana, como un tren con un pasajero menos, todo siga sin mí? Escribir hoy aquí es suficiente.

Es más, diría que lo es todo.

4/18/2008

EXTREMOS

Nadie.

Cualquiera.