En una conversación me dijiste no te hagás la gata afligida y no te hagás la gata afligida le dije hoy a uno de mis estudiantes y por supuesto, como aquella vez hubo risas, pero la verdad es que ya ni una mueca diminuta me dibuja en los labios tu presencia tenaz de polizón en el maltrecho barco de mi vida.
El mal del gatoflorismo le digo. Insisto, esos dos últimos versos son el final de una buena canción. Tristísimo pero tarareable, ¿se entiende el concepto? Tristeza llevadera... hasta se puede cantar.
2 comentarios:
El mal del gatoflorismo le digo. Insisto, esos dos últimos versos son el final de una buena canción. Tristísimo pero tarareable, ¿se entiende el concepto? Tristeza llevadera... hasta se puede cantar.
gataflorismo...
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