8 de junio de 2007

BAGATELAS II: Lo fugaz

Unas palabras dichas y unos besos dados una noche brillante de sudor. Debió quedar en eso.




El añadido inútil: la curiosidad de mis uñas astillada contra la coraza de su silencio -nunca supe de la música que acompañaba sus días, ni qué secretos le susurraban sus piedras, ni a qué juegos jugó su infancia en las márgenes de cierto río-.




Es que tal vez sus ojos vieron claro que sólo eso debía ser: unas palabras, unos besos y el calor de la noche de verano.

7 comentarios:

LuisGui dijo...

No sé qué tan cerca o lejana podría estar tu Musa particular, pero resulta evidente que ese toque mágico que brindas a tus palabras no ha desaparecido. Lo que disfruto en tus notas (es mi opinión) es ese delicado susurro que ronda entre frase y frase: simbólico, sugerente, abstracto...

Quebrantapájaros dijo...

Esto de las "vagatelas" va tomando su forma y me encanta: el desengaño en la Vagatela I, la fugacidad en esta otra.

Te has preguntado, Sergio, de dónde viene el sudor de las noches agitadamente fugaces. Acaso será una temible huella que queremos imprimir en el otro. Sudor de miedo, de calentura, de tribulación.

Es que, entonces, existe un término que alcance a nombrar la mezcla de sudores?

Sólo el silencio es capaz de soportar las cicatrices de tantas deseperadas uñas.

sergio dijo...

Luisgui: mi musa? A veces viene, otras -las más- se va, y uno ahí, aguardándola. Por ahora, debe estar de vacaciones y entonces me entretengo en leer a gente que supo cultivar su amistad -Baudelaire, por ejemplo-.

sergio dijo...

Quebrantapájaros querido: he pensado hacer una especie de antología de sus comments en este blog, pues muchos -este es uno de ellos- destilan poesía, humor, inteligencia.

Me fascinó la idea de marcar a otros con nuestro sudor. Tal vez, eso, el sudor, sea lo que más perdura en ellos de nosotros. Y sabe qué, entre tanta fugacidad, ya es algo.

Adrian Pegaso dijo...

A pesar de lo fugaz hubo mucho que decir.

Bexos
Ad

Paula dijo...

Nunca queda solo eso. La pregunta que no atravesó la coraza persiste. Tiene la belleza que matan las respuestas fáciles. Invita a la búsqueda, a la posibilidad de reinventar un río que solo fue mencionado, mirar los juegos que hacía en su orilla, quizás creaba estatuas como Leticia y te toca a vos descifrar sus significados.

Me acordé de Favio, el también habló un encuentro fugaz de verano que prometía... y mentía. Solo le quedaron las imágenes de un café, una playa, una muchacha que entibiaba con sus manos un pájaro herido. "Que otra vez será, sé que nunca más", decía al final.
La película, que no era de él, era pedorrísima, pero la canción, cada vez que la escucho, me conmueve y tiene ese registro intenso que solo Favio puede imprimir; casi al borde del mal gusto, pero siempre sublime.

ALEJANDRO LAVALLE dijo...

ESTIMADO SERGIO, ESTAS NOMINADO PARA LAS FAMOSAS OCHO CONFESIONES, CHECK MI BLOG

ABRAZO